Descripciรณn
Quien venga a tocarme el papo – Azulejo ilustrado
Quien venga a tocarme el papo le hago tragar un sapo
Advertencia clara bajo luna llena y con sapos testigos.
El papo โvientre, tripas, intimidadโ es territorio propio. Este azulejo lo protege con la autoridad de una maldiciรณn de aldea y la precisiรณn de quien sabe exactamente lo que no quiere soportar. Caligrafรญa medieval, dos sapos y dos lunas. Todo lo que le hace falta a una bruja.
El sapo y la bruja: una alianza de siglos
El sapo no llegรณ a la brujerรญa por casualidad. Antes de que existiera ningรบn tribunal inquisitorial, antes de que nadie lo persiguiera, el sapo ya era un animal sagrado vinculado al cuerpo femenino. Las mitologรญas indoeuropeas bรกlticas y eslavas lo consideraban encarnaciรณn de la diosa maga del mundo subterrรกneo, mientras que en el sur de Europa estaban firmemente arraigadas las creencias que lo relacionaban con el nacimiento, el embarazo y el รบtero. La idea de que el sapo estรก conectado al embarazo es tan antigua que se conocen representaciones suyas grabadas en utensilios de hueso desde la cultura Maglemose mesolรญtica.
Antiguamente se afirmaba que la vagina de la mujer tenรญa la forma de un sapo vuelto como un guante, y tanto Hipรณcrates como Platรณn describieron el รบtero como un animal capaz de moverse por el abdomen en todas las direcciones. El cuerpo de la mujer y el sapo compartรญan, en el imaginario popular, una misma naturaleza hรบmeda, subterrรกnea, transformadora. Blogger
Cuando llegรณ la persecuciรณn, esa alianza se convirtiรณ en prueba de culpa. En los procesos de brujerรญa espaรฑoles de los siglos XVI y XVII, el sapo era el animal mencionado con mรกs frecuencia en relaciรณn a las mujeres acusadas de brujerรญa, mientras que los murciรฉlagos se asociaban a los hombres acusados de nigromancia. Una distinciรณn de gรฉnero grabada a fuego en los archivos inquisitoriales: el sapo era cosa de mujer, y por tanto, cosa sospechosa.
En los procesos por brujerรญa de toda Europa aparece el sapo como elemento ritual: brujas espaรฑolas utilizรกndolo en ungรผentos, brujas inglesas empleรกndolos vivos, brujas alemanas friรฉndolos en aceite. Lo que los jueces leรญan como pacto diabรณlico era, en muchos casos, el residuo de un conocimiento botรกnico y farmacolรณgico antiquรญsimo: el sapo comรบn posee sobre el dorso glรกndulas que segregan bufotenina, un alcaloide presente tambiรฉn en ciertos hongos, capaz de provocar estados alterados de conciencia, lo que explica su papel central en los asuntos de brujerรญa.
En el folclore andaluz, el sapo era considerado el espรญritu familiar de la bruja, habitado por ella, capaz de actuar en su nombre. Bautizarlo, vestirlo, nombrarlo: rituales que los acusadores convirtieron en crimen y que la memoria popular conservรณ como forma de poder.
Este azulejo recoge esa herencia sin solemnidad y sin disculpas. Una advertencia rimada, una luna que todo lo ve, dos sapos que guardan el umbral. La maldiciรณn mรกs antigua reescrita con caligrafรญa de scriptorium medieval y humor de mujer harta.
Porque el papo โel vientre, las tripas, lo mรกs propioโ siempre fue territorio sagrado. Y quien no lo entienda, ya sabe lo que le espera.
Azulejo de cerรกmica sublimada. Formato cuadrado. Acabado brillo con aspecto de azulejo tradicional. Pieza de colecciรณn. Ilustraciรณn original de Amaya Barahona.