Azulejo · Si la Bruja se Viste de Seda | Amaya Barahona

15,00 IVA incl

Una rima. Una declaración.

Una verdad que no necesita más explicación que la que ya tiene.

La bruja que se viste de seda no traiciona nada,  amplía todo. Porque el poder femenino nunca fue de un solo tipo, ni de una sola forma, ni de un solo registro. Puede ser escoba y puede ser seda. Puede ser maldición y puede ser diosa. Puede ser las dos cosas a la vez y ninguna pide permiso.

Reinterpretando refranes se lo pasa una bien….Caligrafía medieval, orla con lamias, abejitas y adormideras… Y una frase que se queda.

Cerámica sublimada. Formato cuadrado. Acabado brillo con aspecto de azulejo tradicional. Pieza de colección.

MÁS MODELOS DE AZULEJOS

10 disponibles

SKU: Azulejo · Si la Bruja se Viste de Seda | Amaya Barahona Categorías: ,

Descripción

Azulejo con una rima, una declaración  y una verdad que no necesita más explicación que la que ya tiene.

Si la bruja se viste de seda, diosa se queda.

La bruja y sus registros

Durante siglos, la figura de la bruja en el imaginario popular fue construida desde el miedo y desde la marginalidad…Vieja, fea, sucia, pobre, sola. Un cuerpo que no cumplía ninguno de los requisitos del orden establecido y que por eso mismo resultaba peligroso. La persecución que sufrieron miles de mujeres en Europa entre los siglos XV y XVIII no fue solo religiosa ni solo política: fue también estética. El cuerpo de la bruja era el cuerpo que se había negado a ser decorativo, sumiso, contenido… Pasando al otro extremo, al de la hipersexualidad tentadora basada en el engaño.

Pero la memoria popular es más lista que los inquisidores, y en esa misma memoria que persiguió a las brujas también vivió siempre otra imagen: la de la mujer con poder que no renuncia a nada. Ni a la puta escoba ni a la suavita seda…  Ni a vivir en los márgenes.

La bruja que se viste de seda, es decir, se sostiene y mantiene su valor, no traiciona su naturaleza, la expande.

Diosa, no a pesar de sino junto a

La diosa no es lo contrario de la bruja., sería su predecesora y su continuación al mismo tiempo. Es la misma figura vista desde otro ángulo, con otra luz, con otra tela… El poder femenino en la tradición popular nunca fue de un solo tipo: podía curar y podía dañar, podía seducir y podía rechazar, podía aparecer en el monte con la escoba o en la alcoba con la seda.

Lo que este azulejo reivindica es exactamente esa amplitud del modo de ser poderosa. Que la elegancia no es traición y que la belleza no es sumisión a la contemplación o arma de seducción,  es en cualquier forma.

Si la bruja se viste de seda, diosa se queda.

Una rima que se queda

«Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.» El refrán original es despectivo: da igual lo que hagas, da igual cómo te vistas, tu naturaleza te delata y te condena. Una frase construida para recordarle a quien aspira que no puede cambiar lo que es.

Este azulejo lo da la vuelta sin tocarlo. Cambia «mona» por «bruja» y cambia el insulto por orgullo: si la bruja se viste de seda, diosa se queda. La misma estructura, el mismo ritmo, la misma rima interna  y exactamente el significado contrario. Porque la bruja que se viste de seda no está traicionando nada ni fingiendo lo que no es. Está siendo más ella que nunca.

La caligrafía medieval y la orla que enmarca el texto no son casuales. Las figuras que la rodean son lamias serpentinas, criaturas del agua y la tierra con poder y memoria larguísima, y adormideras, la planta del sueño y del tránsito, con guiños a las abejas melisas, las que llevan el néctar de lo sagrado de flor en flor demetiana. Juntas dicen lo mismo que dice la frase: que todo cabe, que nada se excluye, que la bruja es diosa y la diosa es bruja y las dos son libres.

MÁS MODELOS